
Esloveno reconoce pavés de Roubaix en una sesión clave para afinar su forma antes de la gran cita primaveral.
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Inspección del Infierno del Norte
El corredor esloveno dedicó varias horas a reconocer tramos emblemáticos de adoquines que componen el pavés de Roubaix. Con un enfoque minucioso, inspeccionó zonas de alta dificultad para memorizar cada bache y curva.
Este ejercicio permite ajustar la configuración de la bici y la presión en los neumáticos, factores determinantes para rodar con seguridad y rapidez en terreno irregular.
Entrenamiento en el velódromo
Tras el reconocimiento, el esloveno se trasladó al velódromo de Roubaix para completar una sesión en pista. Allí rodó junto al belga Florian Vermeersch, combinando velocidad y cadencia.
La experiencia en la pista refuerza la potencia muscular y la capacidad de mantener un ritmo elevado, dos cualidades imprescindibles para afrontar los últimos kilómetros de la clásica.
Mirando hacia la primavera
Con estos ensayos sobre adoquines y en pista, el objetivo es llegar en plenitud a su gran reto de la temporada. Cada kilómetro recorrido sirve de termómetro para calibrar sensaciones y ajustar el plan de carrera.
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